Cinco cosas que aprendí sobre la palma aceitera en Ucayali

Sea lo que sea, la economía del Perú es extractivista. Es decir, las ganancias se generan mediante la extracción de una variedad de recursos naturales, que no suelen ser procesados, antes que se exportan a mercados extranjeros. Viajando por carretera desde Lima a Pucallpa, la ciudad más grande de la región amazónica de Ucayali, se pasa por varios paisajes de extracción distintos: quizás lo más difícil de olvidar es la distopía contaminada de La Oroya, el epicentro de la industria minera del Perú.

Al bajar desde los Andes hasta la selva baja amazónica, otro tipo de paisaje empieza a dominar, hasta donde alcanza la vista hileras e hileras de un solo cultivo: elaeis guineesis, más conocido como palma aceitera. A continuación, recuerdo cinco de las lecciones principales que aprendí sobre la expansión de la palma aceitera en Ucayali, durante los siete meses que coordiné el programa de justicia ecosocial de Alianza Arkana.

1. La producción de palma aceitera está expandiéndose y rápido.

La palma aceitera es un aceite comestible nativo del África Occidental, donde se considera un cultivo reverenciado y aún se produce utilizando métodos tradicionales. Durante el siglo veinte, las primeras plantaciones industriales de palma aceitera fueron establecidas en Asia Sureste; a partir de ese entonces, esa forma de producción a base de plantaciones se ha expandido a África y América Latina. La palma aceitera se cultivó por primera vez en el Perú durante los 1960, en la provincia de Tocache. En Ucayali, la producción a pequeña-escala empezó en los 90 con el apoyo de la Programa de las Naciones Unidas de Desarrollo, que vino promoviendo la palma aceitera como un cultivo alternativo a la coca.

Sin embargo, la producción ha aumentado muy rápidamente a partir del 2008, expandiéndose a un promedio de 15.000 hectáreas cada cuatro años; hasta febrero del 2016, 35.000 has. estuvieron bajo cultivo, con diez plantas extractoras de palma en operación. Esto equivale al 30% de la producción nacional. Existen planes para expandir el área bajo cultivo en Ucayali hasta 228.000 has. durante la próxima década. Un documento publicado por el Gobierno Regional de Ucayali, en asociación con el sector privado, cita la necesidad de abastecer la demanda tanto nacional (el Perú importa alrededor de 70% de los aceites vegetales que consume y también ha promulgado una ley que requiere que el 5% del diesel provenga del biodiesel), como internacional (a gran consumidores como la Unión Europea, se unen mercados asiáticos en crecimiento rápido, especialmente los de China y la India), todas las indicaciones señalan que la expansión de palma aceitera en la Amazonía peruana va a continuar e intensificarse.

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Un mapa que indica áreas existentes y potenciales de palma aceitera en el norte de Ucayali. Verde oscuro señala las áreas identificadas con suelos aptos para el cultivo de la palma. Fuente: Plan de Competitividad de la Palma Aceitera Ucayali 2016 – 2026.

2. La manera en que se produce palma aceitera en Ucayali está cambiando.

Mientras que anteriormente, la producción fue liderada por asociaciones de pequeño y mediano productores, durante los últimos años, esto ha empezado a cambiar, mientras inversores extranjeros buscan expandir sus agronegocios en la Amazonía peruana. El caso más destacado en Ucayali es la instalación de dos plantaciones a gran escala, operadas por Plantaciones de Pucallpa SAC y Plantaciones de Ucayali. Ambas empresas pertenecen a un grupo más grande de por lo menos 25 empresas que están operando en el Perú, dirigido por el empresario Dennis Melka, quien tiene experiencia previa de desarrollar plantaciones en Malasia.

Las plantaciones de Melka en el Perú se han enredado en controversia y conflicto, con evidencia de irregularidades en la forma en que tierras han sido adquiridas y manejadas, la destrucción ilegal de bosques primarios y violaciones de derechos humanos, en particular la comunidad shipibo Santa Clara de Uchunya. Santa Clara de Uchunya ha respondido a este acaparamiento de tierras dentro de su territorio ancestral al denunciar las actividades de Plantaciones de Pucallpa ante las autoridades peruanas y la Mesa Redonda de Palma Aceitera Sostenible (RSPO, por sus siglas en inglés), una asociación que certifica la palma aceitera ‘sostenible’.

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Vista aérea de la plantación de Plantaciones de Pucallpa bajo desarrollo en 2014 (Crédito: Mathias Rittgerott / Rainforest Rescue).

La creciente penetración del capital transnacional en los agro-negocios y plantaciones de la Amazonía peruana ‘ha cambiado radicalmente el escenario’, según dice el sociólogo Juan Luis Dammert Bello, no sólo en términos de la escala de proyectos, sino también en cuanto al tipo de relaciones que las empresas establecen tanto con comunidades locales como con el medio ambiente.

3. Los monocultivos de palma aceitera no encajan bien con los medios de subsistencia de los pueblos indígenas.

A lo largo del tiempo, muchos pueblos indígenas han desarrollado un entendimiento sofisticado de la ecología de la selva y este hecho se refleja en las variadas estrategias de subsistencia que emplean para vivir bien en la selva. Comunidades shipibas dependen de sus bosques tradicionales para obtener una variedad de bienes: agua fresca para tomar, cocinar y bañarse; la caza y pesca; para recoger frutas y nueces comestibles; materiales de construcción; plantas medicinales y materiales naturales para artesanías que se puede vender para generar ingresos.

Además, si se considera que las comunidades también requieren de su territorio para practicar la agricultura migratoria, uno empieza a darse cuenta de lo que se pierde cuando destruyen los bosques de una comunidad para convertir sus tierras en monocultivos de palma aceitera. Como explica Rodit, una mujer de Santa Clara de Uchunya, las plantaciones de palma aceitera son ‘desiertos’ para la comunidad local.

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Niños shipibos juegan y bañarse en orillas de una laguna (Crédito: T. Younger).

Mientras que se debería elogiar al Gobierno Regional de Ucayali por sostener que un principio clave para la inversión en la palma aceitera es que no debe atentar contra la seguridad alimentaria, esto debe ser asegurado en la práctica, junto con el reconocimiento de los medios de subsistencia indígenas no siempre conforman – y tampoco deben de hacerlo – a los de pequeño agricultores.

4. La palma aceitera se está expandiendo dentro del contexto de vacíos legales y la falta de regulación.

Durante los últimos años, distintas empresas grandes de palma aceitera, como el Grupo Palmas y las del Grupo Melka, han aprovechado de ciertos vacíos dentro de la legislación peruana para facilitar la conversión de bosques a plantaciones de monocultivos. Aunque los bosques reciben protección estricta bajo la ley peruana, una investigación importante del Environmental Investigation Agency en 2015 reveló que el proceso actual que utiliza el gobierno peruano para clasificar tierras ha permitido que grandes zonas forestadas hayan sido categorizadas erróneamente como tierras con capacidad de uso mayor agrícola, para ser destruidas después.

Los estudios de ‘capacidad de uso mayor’ se basan en las características del suelo y del clima, efectivamente ignorando la presencia de árboles, lo que contradice otras provisiones y protecciones en la ley peruana. En 2015, más de 20 millones de hectáreas de bosque estaban exentos de cualquier clasificación oficial, lo que deja estos bosques vulnerables al tipo de depredación que se ha visto en Ucayali, donde más de 11.000 has. de principalmente bosques primarios han sido destruidos desde el 2011.

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Obreros de la plantación durante una investigación oficial de las actividades de Plantaciones de Pucallpa en mayo 2016 (Crédito: T. Younger).

Además, aún cuando agencias dentro del gobierno peruano han actuado en contra de las actividades ilegales de las empresas de palma aceitera, las autoridades regionales y locales se han demostrado ineficaces o resistentes a sostener estas medidas. Por ejemplo, en septiembre del 2015, el Ministerio de Agricultura ordenó a Plantaciones de Pucallpa a suspender sus operaciones, esperando más investigación. En mayo de 2016, yo estaba presente cuando una comisión oficial, liderada por la Fiscalía del Ambiente de Ucayali fue a inspeccionar tal plantación. El representante del MINAGRI constató que la empresa seguía operando, unos ocho meses después que se emitiera la orden de suspensión. Además, la Dirección Regional de Agricultura había seguido otorgando constancias de posesión a terceros sobre las tierras adyacentes a la plantación, a pesar de que comuneros de Santa Clara de Uchunya venían denunciando el tráfico de tierras, lo que resultó en alegaciones de corrupción.

Este suceso, junto con otros como la deforestación a gran-escala en Tamshiyacu, Loreto, por otra empresa de Melka, Cacao del Perú Norte, demuestran que actualmente el gobierno peruano carece tanto de la capacidad como de la voluntad política para regular de forma eficaz esta industria que está creciendo rápidamente.

5. La expansión de palma aceitera está íntimamente vinculada y mutuamente refuerza otras amenazas a territorios indígenas.

Hasta ahora, la expansión de plantaciones de palma aceitera en Ucayali ha tenido un impacto limitado, aunque muy serio, en comunidades indígenas. Sin embargo, como indican los ejemplos antes mencionados, la expansión de palma aceitera está vinculada de forma cercana a otra serie de amenazas en los territorios indígenas, que se agravarían por su expansión. Estas incluyen la falta de reconocimiento de los derechos territoriales de los pueblos indígenas, que contraviene la ley peruana e internacional, dejando a comunidades enteras vulnerables a prácticas como el tráfico de tierras, donde migrantes invaden y talan los bosques comunitarios para poder obtener títulos de tierra. Una vez que hayan obtenido estos títulos, los venden a empresas, que pueden adquirir terrenos muy extensos de esta forma. Además, sigue el escándalo de la tala ilegal, que es más prevalente en Ucayali que en cualquier región de la Amazonía peruana.

Existen planes para varios megaproyectos de infraestructura en la región de Ucayali, como por ejemplo dragar e industrializar el río Ucayali como parte del proyecto Hidrovías Amazonas, y la construcción de carreteras, para vincular Pucallpa con Cruzeiro do Sul en Brasil. Estos proyectos han sido recibidos con preocupación por grupos indígenas y de la sociedad civil, y expertos, debido a sus proyectados impactos socio-ambientales. Tales proyectos, argumentan los que están a favor, atraerán más inversión desde el extranjero y aumentarán exportaciones a mercados extranjeros. No se puede negar que tal infraestructura mejorará la imagen que tiene el Perú de ser ‘business-friendly’ (‘amable a los negocios’). Como era el caso con ciclos extractivistas en el pasado, el contexto global es siempre presente, o sea en cuanto a nuestra creciente adicción a la comida chatarra, cada vez más global, que está impulsando la demanda de palma aceitera, o los paraísos fiscales, muchas veces Territorios Británicos en el Extranjero, como las islas Caimanes, que dificultan la tarea de seguir el dinero y los intereses poderosos que están detrás de empresas como las que componen el Grupo Melka.

La expansión de palma aceitera es solamente uno entre muchos desafíos que enfrentan los pueblos indígenas como los shipibo en el siglo veintiuno. Lo que es cierto es que el movimiento indígena y sus aliados en Ucayali tienen que estar vigilantes, confiados y críticos en tratar con los inversores extranjeros cuyas miradas están volviendo hacia la Amazonía peruana, al mismo tiempo que se acaban las tierras en los principales países productores de palma como Malasia. Mientras las empresas se acercan e interaccionan con las comunidades, es imprescindible que las comunidades tomen en cuenta los aprendizajes, muchas veces amargos, de comunidades en otras partes, como por ejemplo Asia Sureste, cuyas vidas ya se han transformado a causa de la palma.

No obstante, a pesar de los desafíos que acaban de señalarse, comunidades afectadas por la palma aceitera como Santa Clara de Uchunya están construyendo formas efectivas de resistir. Los esfuerzos de la comunidad han empujado a las autoridades peruanas a investigar las actividades de Plantaciones de Pucallpa, para las cuales fueron sancionados en agosto. Después de que la comunidad lanzó una queja formal, la RSPO ordenó a la empresa dejar de trabajar. Un video que hizo la comunidad conmigo y otras voluntarias ha sido proyectado a públicos en el Perú, en docenas de reuniones con agencias gubernamentales y otras instituciones en el norte de Europa y los Estados Unidos para generar conciencia sobre su situación. La lucha de Santa Clara de Uchunya comprueba que cuando la comunidad está unida, se mantiene firme y construye una serie de estrategias paralelas, puede comenzar a recuperar terreno perdido.

Este artículo fue publicado originalmente en el blog de Alianza Arkana.

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